¿Cómo sobrevivir a un piso de estudiantes?
- Melanie Mena Kuchimpos
- 7 jun 2021
- 2 Min. de lectura
Los pisos de estudiantes son una lotería y, además, “la convivencia es difícil”. Es una frase que has oído miles de veces. Pero, ¿Qué significa realmente?
Desde que nacemos vivimos con nuestros padres, madres, hermanos, abuelos… seres queridos que conocemos, en mayor o menor medida, con los que pasamos gran parte de nuestra vida y con los que compartimos infinidad de actividades diarias. También son personas con las que tenemos un estrecho vínculo emocional y un mayor nivel de confianza.
Ahora bien, a pesar de todo esto que nos une, se pueden llegar a producir muchos choques en la convivencia. Todos hemos estado en desacuerdo de la forma en la que se rigen las normas en casa. Es algo natural e inevitable.
Llegados a este punto, si tener problemas con tu familia con la que convives, durante muchos años, es normal; no se pueden imaginar con gente a la que no conoces de absolutamente nada.
Para bien o para mal, este año no me ha tocado la lotería. De hecho, creo que me ha tocado llevar la nube con lluvia encima.
Digo “para mal”, porque tengo dos compañeras de piso un tanto peculiares. Siempre me he descrito como alguien bastante fácil de llevar. No tengo problemas con nada ni nadie, soy bastante resuelta y me amoldo a cualquier circunstancia.
La luz natural de casa Sin embargo, mis características compañeras son algo más tradicionales. Vienen de casas donde mami y papi se encargan de todo, y donde si no se hace algo de la forma en la que yo quiero, se impondrá a la fuerza mi sentencia.
Como podrán imaginar, vivir en una casa así, no es plato de buen gusto. Las quejas se pasan de absurdas y los comentarios otorgan de todo menos un ambiente relajado y pacífico donde vivir. A esto, se añade el hecho de que tengo un carácter fuerte; es decir, que no hago vista gorda a las injusticias y ridiculeces de mis compañeras. Y es cierto, que a cualquier otro el asunto le saldría por la oreja izquierda. Por eso, a veces, me gustaría ser “cualquier otro”; siento que me iría mejor y me afectaría todo un poquito menos.
Y, por otro lado, digo “para bien” porque quizás esto me ayude. Quizás me sirva para hacerme más fuerte y tolerante, así como una persona más paciente y menos vulnerable. De todo esto espero sacar una nueva y mejor versión de mí, contra la que ninguna estudiante empedernida pueda.

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