EL GERMEN DE LA SOCIEDAD
- Melanie Mena Kuchimpos
- 7 jun 2021
- 2 Min. de lectura
Las redes sociales solo son el lado bueno de uno mismo Las redes, que en un comienzo surgieron como una herramienta de gran utilidad, han sufrido una transformación abordada por la sociedad digital. Con el tiempo, se han convertido en un arma de doble filo. En la vida real, no podemos evitar que nos conozcan tal y como somos. El físico, la personalidad y el carácter nos definen y no existe ninguna forma de ocultarlo. Cada persona es tal y como es, y la vida real es un reflejo de nuestro ser. Sin embargo, cuando hablamos en términos digitales, esta no es una afirmación que podamos hacer sin dudar. En el medio digital nos ponemos una careta cargada de mentiras, apariencias, engaños, falsedad… lo que sea necesario para ganar la aprobación de los demás. ¿Desde cuándo es más importante lo que piensen de mí los demás de lo que piense yo de mí mismo? Las redes están llenas de usuarios que crean perfiles falsos. No hablo de los famosos catfish, hablo de la falsedad de los perfiles que, aunque no son un “pez gato”, son una mentira peor: la mentira a uno mismo. Porque no decir la verdad, también es mentir; es decir, solo publicamos aquello que nos interesa que vean los demás, buscamos los “likes”, los comentarios. Queremos la aprobación de los demás y estamos dispuestos a renunciar a nuestra moral e integridad por conseguirla. Incluso si eso implica mostrar tu mejor versión y esconder la peor, aunque eso pueda suponer un engaño para ti y para los demás. Por ello, los usuarios han de ser cautelosos, han de aprovechar el lado bueno de las redes y evitar el lado de la obsesión y falsedad que las concierne. Aunque es un equilibrio difícil de encontrar, la clave está en ser consciente del uso que les damos, en no dejarnos llevar por la dinámica adictiva que poseen. Sin embargo, la teoría es bastante más fácil que la práctica. A menudo intento llevar a cabo este razonamiento de manera fiel, pero a la hora de la verdad es más complejo de lo que parece. Mi mejor forma de enfrentarme al reto que supone el engaño en las redes es simple: evitarlas. La vida real es mucho mejor que la pantalla. Aunque esta tiene muchas ventajas, hay que aprender a apreciar las genuinas emociones que tan solo el contacto humano es capaz de hacer emerger. Por ello, prefiero dedicar más tiempo a cuidar mis relaciones en el mundo real que a sembrar cualquier imagen poco fiel de mí en las redes. Pero no vamos a ser hipócritas, también disfruto subiendo lo que me apetece y más me enorgullece. En conclusión, aunque adentrarnos en la burbuja que suponen las redes puede ser idílico en tanto que entretenido, no debemos olvidar que detrás de esos perfiles se encuentran personas; personas de carne y hueso que tienen una vida mucho más allá de la que sus perfiles sugieren.
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