TODO PARA EL PUEBLO, PERO SIN ÉL
- Melanie Mena Kuchimpos
- 7 jun 2021
- 2 Min. de lectura
¿Cómo sería el mundo si nos soltasen la mano?
No recuerdo como, ni cuando aprendí a leer. Pero, seguramente, fuera de pequeña y comenzando por las vocales, continuando con las consonantes, y terminando con pequeñas unidades léxicas de fácil comprensión.
Me imagino aprendiendo a leer como el resto de niños. Unos antes, otros después (incluso algunos nunca), pero todos desde un mismo procedimiento y enseñanza formal.
¿Imaginas cómo sería el mundo si a todos los pacientes les aplicaran la misma medicina independientemente de su enfermedad?
Quizás no puedas imaginar otra cosa más que muerte y aún más enfermedad. Ahora bien, estamos hablando de salud. ¿Acaso no ocurre lo mismo si nos referimos a la educación? Como si no estuvieran matando futuros artistas y científicos al encasillarlos en una caja como al resto, como me encasillaron a mí.
No soy una máquina, no quiero formar parte de este sistema de copias infinitas que estamos creando. Pero claro, ya dijo Kant que cualquiera que no vive en sociedad es considerado un Dios o un monstruo. Y como no soy un Dios, ni quiero convertirme en un monstruo, tengo que formar parte del sistema de máquinas (el rebaño).
Sin embargo, no todo es oscuridad y uniformidad. Es posible salir del educare al eduche. Es decir, que nuestra educación nos deje de “llevar de la mano” y “nos permita caminar solos”. Esta será la única forma en la que conseguiremos sacar lo mejor de cada individuo. Pero existe un obstáculo que no nos permite lograr esta transformación, obstáculo con nombre y apellidos: El Gobierno. Todo comienza con el filósofo Kant y su propuesta de “todo para el pueblo, pero sin el pueblo”. Esto hace alusión a como el Gobierno nos brinda los medios para ser educados, pero lo hace desde un adoctrinamiento filtrado acorde a sus intereses. Lo cual imposibilita que tengamos el carácter crítico que se persigue conseguir. Al final, la propuesta de Kant se reduce al paso que comentábamos del educare al eduche. Pues el ilustrador nos incita, con su ética kantiana, a pensar por nosotros mismos para alcanzar la libertad (la Ilustración) y para desprendernos del filtro que supone el poder en el individuo. Además, podemos apoyarnos en otros ámbitos educacionales para fomentar este nuevo cambio en la enseñanza. Por ejemplo, en el no formal (constituido por prácticas deportivas, ocio…) o en el informal (de carácter familiar, no intencional y no estructurado: el currículum oculto). De esta forma, lograremos provocar una verdadera revolución del aprendizaje al promover la puesta en práctica de nuestras habilidades. Nos convertiremos en personas críticas, independientes y, sobre todo, resilientes.
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