MIS NUEVAS GAFAS DE VISTA
- Melanie Mena Kuchimpos
- 7 jun 2021
- 3 Min. de lectura
Me compré unas gafas que comprenden cualquier cultura
Hoy, me voy a poner unas gafas; unas gafas que me trasladen a otro lugar muy lejano del que ahora me encuentro. Que me hagan comprender el estilo de vida, la religión y creencias de una cultura diferente a la mía. Para eso están las gafas culturales, para empatizar y suprimir esa distancia física que tengo, en este caso, con el hinduismo. Digo física, y no social, porque gracias a la era en la que vivimos, seré capaz de trasladarme a una cultura diferente a la mía para recrear como sería mi vida en ella. Aunque, antes de sumergirnos en esta aventura, es imprescindible tener en cuenta que la socialización nos construirá una nueva identidad cultural, pero no nos desapegará de los sentimientos tan personales e individuales que albergamos en el interior. Una identidad que solo seremos capaces de disfrutar si quitamos la basurilla de nuestros lentes. Basura conformada por el etnocidio, el antisemitismo, etc. Y que suprimiremos con un nuevo par de lentes: transparentes y brillantes, que nos permitan ver la realidad tal y como es (integración, multiculturalismo, hibridaciones…). Llegados a este punto, decido salir de mi archipiélago y adentrarme en la península del Indostán. Un lugar donde, la mayor parte de sus habitantes, cree en múltiples dioses, pero en una divinidad. Esto la convierte en una religión monista, pues los diferentes dioses son la expresión de tan solo esta única divinidad. Además, cada dios tiene una o varias reencarnaciones denominadas: avatares. Llegados a este punto, me encontraré con uno muy conocido: Ganesha, el dios de la sabiduría. Gracias a mis nuevos lentes podré apreciar la belleza de esta figura mitológica, con su característica trompa (representado la adaptabilidad), pequeña boca y grandes orejas (escucha más de lo que habla). Pero, el hinduismo no es solo una religión, también es un estilo de vida. No te dice como o como no debes actuar; sin embargo, propone: el karma. Es decir, tus malas y buenas acciones tendrán unas consecuencias que tendrás que pagar. La reencarnación es la más destacada de ellas, donde estás condenado a nacer y morir de manera constante, y en diferentes cuerpos hasta conseguir librarte de aquello material que ata tu alma. Gandhi hizo de los valores hinduistas, de la paz y la no violencia, sus banderas más potentes. Con la fortaleza espiritual del hinduismo, instauró una lucha social mediante una huelga de hambre con el fin de combatir al imperio británico. De esta forma, trascendió como un héroe nacional, aunque reconocido a nivel mundial. Mediante el gesto de Ghandi, confirmamos en el hinduismo, una de las grandes sentencias que realiza la antropología: “El estómago social debe ir antes que el individual”. De vuelta a la India y, por supuesto, con mis gafas de cultura puestas, no dudaría en pasarme por el río Ganges. Un río que sagrado que te purifica de cualquier pecado. Sin embargo, si procedo a quitarme los lentes, veré un río, sin significado alguno. Por eso, decimos que, en la cultura existen cosas que nos separan (como los archipiélagos) y otras que unen (como la península). Un claro ejemplo de península, sería el yoga. El yoga en el hinduismo es un método para conservar la pureza del cuerpo y del espíritu a través de una serie de ejercicios basados en la filosofía y valores hinduistas. Actualmente, el yoga ha conseguido cruzar fronteras instaurándose en Occidente. De esta forma, logramos compartir ciertos rasgos culturales pese a las grandes diferencias. Al final del trayecto, determino que, estas gafas que hoy me he puesto con el objetivo de vivir en una cultura diferente a la mía, deberían ser “de vista”. Es decir, llevarlas de forma permanente. Para así, poder siempre comprender y respetar cualquier otra cultura por muy alejada que esté de la nuestra.
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